Normalidad democrática. De nuevo en campaña

30/05/2023
Transcurridas muy pocas horas, y a escasas tres de la finalización de las votaciones, hemos conocido los resultados electorales en nuestros municipios y en un buen número de comunidades autónomas. Esta vez, ante las clásicas declaraciones de los representantes de los partidos donde todos luchan por encontrar un punto positivo en el resultado en el que resguardarse, la sonrisa ha recaído en unos pocos: muy pocos.  

Por todos es admitido que el Partido Popular ha resultado ganador de estos comicios, al igual que VOX da un paso adelante. En el otro lado de la balanza, el icono de la tristeza, de la decepción es el que impera. No se salva nadie, salvo pequeñas excepciones. Y una defunción anunciada: la de Ciudadanos.

Son las reglas que imperan al dar la oportunidad, la voz por medio del voto, a la ciudadanía. Es la normalidad democrática que poco a poco se va convirtiendo en madurez democrática. Me hubiese gustado emplear en el título del artículo esta última expresión. Lo normal es lo procedente, lo correcto, lo habitual. Lo maduro es aquello que, consolidado lo normal, conlleva un grado superior y de más racionalidad; de caballerosidad y humildad. De aceptación total de las reglas de juego y del resultado, sin generar dudas.

Espero que se hayan podido hacer a nivel privado, pero no es lo mismo. Me refiero, en primer lugar, a la salida en público de los representantes de las formaciones perdedoras -incluso antes que acabase el escrutinio- reconociendo su resultado. Declaraciones que no deben comenzar por agradecer la participación de los suyos en el proceso, tampoco en explicar su derrota, o el no alcanzar los objetivos. No. Debieran iniciarse por reconocer y nombrar al ganador, al contrario, por lo menos al principal.

Como el reconocimiento lo es ante un dato puramente objetivo y cuantificable, en segundo lugar, se debería completar con la felicitación y la enhorabuena. Parece simple. Es educado. Es lo correcto. Evita crispación o, dicho de otra forma, aumenta la concordia. En definitiva, demuestra madurez. Madurez democrática.

Ninguno de estos dos simples gestos he podido apreciarlos en las intervenciones visionadas de nuestros líderes o cabezas de listas. Tampoco en sus redes sociales. Insisto. Más allá de lo personal también se hace imprescindible trasladarlo hacia lo público. Déjennos que también seamos partícipes de su decoro, elegancia o saber estar, de sus sentimientos. Al igual que los ciudadanos, más allá de políticos, somos personas.

De campaña en campaña

No ha dado materialmente tiempo. Me refiero a acabar la campaña local y autonómica cuando el presidente del Gobierno ha anunciado por la mañana -para ser aprobado en Consejo de Ministros extraordinario y consultivo de esa misma tarde- una consulta general a la ciudadanía para el próximo 23 de julio. Quedan 55 días, que no en Pekín.

Esta vez, al hilo de lo anterior, Sánchez ha asumido “en primera persona” los resultados electorales y reconocido que el nuevo mapa territorial tiene un dibujo “con nuevas mayorías conformadas por el PP y VOX”. Reconocimiento ha habido, cierto es. Felicitación no.

Resulta de costumbre justificar tus malos resultados todavía echando más leña al fuego en la recriminación al contrario. Disculpas que ya no convencen al electorado.
Es verdad, y debe ser así aun cuando yo no lo pueda constatar, que todas las organizaciones convocan a sus comités de dirección para realizar el análisis y supuesta autocrítica. Es esto último lo realmente importante y, bien sea por no molestar al que manda, a quien dirigió la campaña, a quien te colocó allí, o por lo que sea, que no parece hacerse en profundidad. Pero, insisto, no he acudido a ningún comité y tampoco puedo atestiguarlo.

Y eso es lo que necesita saber la ciudadanía. El reconocimiento de lo que ha fallado. De lo que se ha hecho mal. Del por qué no se ha llegado a la gente con el mensaje. De reconocer si el mensaje era el que fallaba. El tuyo, no el del contrario.

Estoy convencido que en un buen número de municipios, de comunidades, ha trascendido poco la problemática y el debate por lo que realmente les afectaba de forma más directa. La corrupción, los escándalos, los proyectos no cumplidos, las promesas… Por mucho que pueda doler, el electorado se ha definido obviando estos parámetros. Y hay que profundizar en saber por qué.

No se trata de realizar un acto de contrición, pero si de rectificar en estrategia. En qué o para que y, sobre todo, en como y con quien. Toca ahora lo nacional. El nuevo partido se juega ya en categoría superior. Aun cuando cada palo debe aguantar su vela y, sobre todo, saber llevarla por buen rumbo nunca debe uno minusvalorar al contrario. Por cierto, no crean que se me olvida hacerlo de forma explícita: enhorabuena al Partido Popular por los resultados obtenidos, tanto en mi ciudad, Marbella, como en el resto de España. Ellos, a nivel local, tienen cuatro años por delante. Los demás, tan solo, 55 días.
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