Un año más, la Navidad. Ansiadas y esperadas fechas para algunos, pero también temidas para otros cuando la ilusión es sustituida por la falta de seres queridos. Este año hemos aprendido a adaptarnos a un hecho histórico como una pandemia. Hemos teleestudiado, teletrabajado, practicado deporte online, asistido a conciertos desde el balcón...
Después del confinamiento, la nueva normalidad y la vuelta a empezar…
Hemos salido literalmente a la calle a vivir, a recuperar nuestra rutina en lo que algunos llamaron "la nueva normalidad", a superar nuestros miedos y a disfrutar más el momento presente viviendo semana a semana, por no decir día a día. Hemos aprendido a manejarnos en la incertidumbre.
Hemos aprendido también a mirar más a los ojos y a sonreír bajo una máscara que a muchos nos costará algún día, quizás no muy lejano, a soltar.
A llenar nuestra mochila de nuevas experiencias.
Hemos aprendido a solidarizar empatizando con el dolor propio y ajeno.
A soltar…
En definitiva, a ser más humanos en un mundo cada vez más deshumanizado y virtual.
La comida como acto social para sentirnos parte de algo
Desde tiempos remotos hemos venido utilizando el acto de comer en grupo como un puente para establecer vínculos, cerrar acuerdos y crearnos un sentido de pertenencia a un grupo.
Y desde pequeños hemos crecido con la idea de unas navidades idílicas con toda la familia junto a la mesa cantando villancicos pero la realidad de este 2020 supera la ficción.
Este año nos toca poner en la balanza salud y familia. Asumir o no asumir riesgos a la hora de sentarnos todos juntos a la mesa es cuestión de cada uno. De la experiencia vivida una vez más en estos diez meses vividos.
¿Mi propuesta?
Unas navidades sin expectativas, ajustadas a las necesidades de cada familia sin dejarse llevar por reglas autoimpuestas ni tradiciones inamovibles.
Unas navidades enfocadas en el aquí y en el ahora, en la que nos centremos más en lo que tenemos en lugar de en lo que nos falta. Sin más expectativas que compartir el estar presente y el tener a los nuestros independientemente de la distancia.
Agradecer el simple hecho de estar.
Superar el dolor.
Y seguir luchando porque….
"No importa lo lento que vayas sino no detenerse". - (Confucio).